Queridas consagradas y queridos consagrados
Os escribo como Sucesor de Pedro, a quien el Señor Jesús confió la tarea
de confirmar a sus hermanos en la fe (cf. Lc 22,32), y me dirijo a vosotros
como hermano vuestro, consagrado a Dios como vosotros.
Demos gracias juntos al Padre, que nos ha llamado a seguir a Jesús en
plena adhesión a su Evangelio y en el servicio de la Iglesia, y que ha
derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo que nos da alegría y nos hace
testimoniar al mundo su amor y su misericordia.
He decidido convocar un Año de la Vida Consagrada haciéndome eco del
sentir de muchos y de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y
las Sociedades de vida apostólica, con motivo del 50 aniversario de la
Constitución dogmática Lumen gentiumsobre la Iglesia, que en el capítulo sexto
trata de los religiosos, así como del Decreto Perfectae caritatis sobre la
renovación de la vida religiosa. Dicho Año comenzará el próximo 30 de
noviembre, primer Domingo de Adviento, y terminará con la fiesta de la
Presentación del Señor, el 2 de febrero de 2016.


